El culto a  San Lorenzo en su ciudad natal, se pierde en la noche de los tiempos, si bien quedan constancias de que ocupada la ciudad en el año 716 por los árabes dejaron solamente en pie la iglesia de San Pedro, arrasando todos los templos incluido el dedicado a este Santo que figura en documentos como “San Lorenzo extramuros”  por estar emplazado fuera de los muros de piedra, junto a la puerta de la  “Alquibla”.  Documentalmente se conoce que reconquistada la ciudad en 1096, se trabaja en la reconstrucción del templo en 1097, y que doscientos años después, el rey Jaime II reconoce la necesidad de reparar y sobre todo, engrandecer para dar cabida y mas esplendor a la casa del Patrón sanlorenzo1oscense, ordenando y auspiciando una nueva construcción, recogiéndose documentalmente como en 1297 se encuentra el monarca en la ciudad desde agosto a septiembre, y de las obras sabemos que en el año 1300 se trabaja activamente en esta edificación  según consta en el Lumen de la Iglesia y el  Rolde de la Cofradía de San Lorenzo. Moviéndonos en el terreno de las suposiciones, no sería nada extraño, que Don Jaime, gran devoto del Santo y ante el paso numeroso de peregrinos hacia Compostela por la ciudad, que cuenta en aquella fechas con 12 hospitales de peregrinos, uno de ellos anexo al templo de San Lorenzo, y siendo este rey  a su vez emisor de numerosos salvoconductos, tratara de imitar a su abuelo Don Jaime I, creador del “sello de peregrino” de Santa María de Salas, auspiciando un nuevo distintivo, tomando la simbología Laurentina  de la “parrilla” que ya en el siglo IV apareciera en las medallas acuñadas en su honor y memoria.

            Durante siglos se encontraba en las dependencias parroquiales de la Basílica de Sansanlorenzo2 Lorenzo, un martillo que era guardado por tener la parrilla en la cabeza de golpear, es decir, la  simbología del Santo,  recurriendo a esta herramienta con motivo del Año Jubilar  Laurentino 2008-2009, para golpear la puerta del templo en la ceremonia de Apertura del Año por el Sr. Obispo;  para lo cual, se le puso el mango de madera que faltaba  y  ante la rusticidad  que ofrecía este, se forró con rica tela, dejando al descubierto solamente la parte metálica; Una vez celebrada la ceremonia, el martillo era guardado nuevamente en las dependencias del museo-sacristía, donde descubrimos que se trataba de un martillo-señal para acuñar una impronta en relieve a la vez que sus cantos afilados, recortaban dicha señal; otro elemento interesante, fue el descubrir que en el fondo de las cavidades que conformaban la imagen, existían restos de otro metal, plomo, lo cual no dejaba lugar a dudas de que se trataba de  un elemento para la  estampación de un sello de plomo, considerando demasiado grande su tamaño para ser usado en un sello colgante, y lo suficientemente perceptible para ser usado comosangalindo3 “spéculae” o sello credencial del peregrino.

De esta forma se obtuvo una impronta que fue utilizada como modelo para la producción de esta “Speculae”  o “Sello de Peregrino”, que fue fundida con motivo de la celebración en la ciudad de Huesca del XII Encuentro de Asociaciones Jacobeas del Norte de España