Sábado 9 de febrero de 2019: Excursión al Dolmen de Belsué.

Esta fría mañana de sábado nos hemos reunido un grupo de 29 miembros de la Asociación para realizar un recorrido espectacular por el valle del Flumen en el entorno de Belsué.

Dejados nuestros vehículos a los pies del abandonado pueblo de Lúsera, hemos tomado (con una temperatura de 0 grados) el camino que, tras cruzar el puente sobre el Flumen, nos ha llevado, primero entre pinos y luego al descubierto bordeando las orillas del embalse, hasta la presa del pantano de Belsué, que contiene una mínima reserva de agua.

Una vez pasada la presa hemos dejado a nuestra derecha el camino que lleva hasta el Refugio de Peña Guara; y hemos tomado la cómoda pista que nos conduce, a través de pintorescos y frescos túneles excavados en la roca, hasta la presa de Cienfuens. Esa pista nos ha ofrecido unas vistas maravillosas del barranco por donde se deslizan las aguas del río, a esa altura con muy poco caudal, por cierto.

Debajo de la presa hemos encontrado las ruinas del antiguo poblado que sirvió de refugio a los obreros que la construyeron en 1931 y abrieron el paso por túneles hasta ese lugar. A partir de allí, terminada la pista, los que hemos optado por la excursión larga, hemos tomado un sendero serpenteante y estrecho, jalonado de encinas y densos arbustos de boj, dejando a nuestra izquierda, en el fondo, las ruinas del antiguo molino.  Caminando bajo los espectaculares e impresionantes acantilados de roca caliza que acompañan al río Flumen en su descenso hacia el llano, hemos ido ascendiendo hasta el Dolmen de Belsué. Nos acompañaba por una parte el rumor de las aguas del río, allá abajo, cada vez más ruidoso y acaudalado y, por otra, enfrente, la sorprendente vista de las rocas del Salto Roldán, a las que nos acercábamos por su cara norte.

Por fin hemos llegado al Dolmen, cuya razón de ser nos explica una placa, por cierto, muy deteriorada, que hay junto a él. Nos cuenta esta placa que se trata de un megalito funerario del Neolítico, esqueleto descarnado de un monumento anterior, que lo cubría y que la erosión ha ido dejando al descubierto.

Tras las fotos de rigor, hemos regresado por el mismo sendero y pista, disfrutando de nuevo de este espectacular paisaje de bosque y roca, y una temperatura muy agradable, gracias al sol.

En total, hemos recorrido según alguna de las aplicaciones de medición por GPS (no todas coincidían) 15,160 kms., en algo más de 4 horas, con un ascenso total de 209 metros. Y lo mejor: el muy agradable ambiente de compañerismo y camaradería que nos unió a todos.

Juan Antonio GARCÉS