Los precedentes de esta iglesia y hospital de peregrinos se encuentran y documentan en Roma donde con la ayuda del rey aragonés se funda un hospital bajo la advocación de San Nicolás que se unirá posteriormente con la fundación coetánea de Santa Margarita y en el año de 1425 se reorganiza con la participación de las personas mas relevantes de la Corona de Aragón, contando con el apoyo de Calixto III y Alejandro VI en este hospital de peregrinos,  y tres años después de la muerte del papa Borgia  se crea la Cofradía de Ntra Sra de Monserrat y el 23 de junio de 1506 se reúnen algunas personas notables de la nación aragonesa, catalana y valenciana para decidir la fundación de una cofradía bajo el patrocinio de la Virgen de Monserrat, con sede en la capilla de San Nicolás situada en el hospital vulgarmente llamada de los catalanes. Los fundadores pretenden, además de organizar la devoción a la Virgen de Monserrat como elemento aglutinante de los naturales de la Corona de Aragón, revitalizar el viejo hospital y parece que lo consiguen, pues el número de cofrades va aumentando paulatinamente y la institución hospitalaria crece y se amplía, se hacen colectas, y el envío de donaciones desde Aragón logra el que se puedan comprar los solares y casas que se encontraban en el entorno primitivo del hospital de San Nicolás e iniciar la construcción de una nueva iglesia. Se pone la última piedra en la fachada del nuevo hospital en 1593, en 1594 se consagra el altar, en 1598 se termina de cerrar la bóveda.

Monserrat1

            Los estatutos reformados por los que debía de regirse este Hospital de Ntra Sra de Monserrat de Roma de la Corona de Aragón, se aprueban en 1589 y en ellos se describe de forma minuciosa la forma de erección de los cargos de gobierno (gobernador, priores, consejeros, clavario, contadores, archivero, secretario, procurador, limosnero, hospitaleros, etc, pero siempre su forma de elección será sobre los naturales de la Corona de Aragón, que compondrán la congregación de gobierno, con cuarenta  personas (diez aragoneses, diez catalanes, diez valencianos, cinco mallorquines, y cinco sardos). Unos años más tarde y debido al número de peregrinos que camina entre Compostela y Roma, se creará una Convento-Hospital de Ntra Sra de Monserrat en la ciudad de Huesca, cuyo fin será dar atención a los peregrinos y mostrar el camino entre los dos lugares más importantes de peregrinación en aquello siglos, estableciéndose de esta forma una línea o trayecto que enlazaba la tumba del Apóstol Santiago en Compostela, Monserrate de Huesca, Monasterio de Moserrat, y Monserrat de Roma con la tumba del Apóstol Pedro.

            Esta Casa de Monserrate, como será llamada en Huesca se establece muy poco tiempo después de la reestructuración de la de Roma, el año de 1627 en la Calle de la Población, con una iglesia bastante capaz y aseada nos dice Diego de Aynsa, son unas casas compradas a D. Pedro Luis de Santafé  y Otamendi, ciudadano de Huesca, por un importe total de 1300 escudos, para construir la Iglesia y el Hospitium, estableciéndose una comunidad de freires hospitaleros presididos por un abad  sacerdote. Con la firma del Concordato de 1753, habiendo cesado el motivo de la permanencia de los españoles en Roma, el rey suprime la congregación y demás cargos lectivos y encarga al gobernador, que era el auditor de la Rota por la Corona de Aragón, se encargara del gobierno de la institución. El embajador comunica la real orden a los priores y congregantes, “para que todos se tengan por removidos o cesados de sus empleos y oficios”, a la vez que se les comunica al secretario de la congregación, al rector y a los capellanes de la iglesia, el gobernador asume la autoridad que antes tenía la congregación y los priores y los capellanes se hacen cargo de los oficios que antes ejercían miembros de la Congregación. Esta situación se mantiene hasta que Monserrat se une con la iglesia y hospital de Santiago de los Españoles en el año de 1803.

          Monserrat2  En cuanto a la casa de Monserrate de Huesca, continuó al igual que la de Roma, hasta que a mediados del siglo XVIII, después de ciento cincuenta años de servicio dando hospitalidad a los peregrinos se retiraron los monjes, volviendo a venderse el edificio, aunque los compradores mantuvieron largo tiempo la iglesia abierta.

            Si desapareció la iglesia, el hospital y los religiosos, quedó esta advocación en la ciudad dando el nombre a un barrio que, desde hace más de ochocientos años está en continua evolución y recibiendo a todos cuantos aquí llegan