Por la sierra, de Salinas de Jaca a Agüero (26 de marzo 2022)

    Como todos los sábados, la sección de senderismo de nuestra Asociación, esta vez con 39 participantes, dedicó el pasado sábado día 26 de marzo a recorrer el sendero PR-HU 97 que, desde Salinas de Jaca, nos conduce hasta Agüero. El autobús nos dejó a las 9 de la mañana a los pies de Salinas de Jaca, en la margen derecha del río Asabón, desde donde iniciamos inmediatamente lo que ya no dejaría ser una pendiente, a veces muy pronunciada, hasta la Osqueta.

Salinas de Jaca fue creada junto a la carretera A-132, a mediados del siglo XX al tener que abandonar los vecinos la antigua población de Salinas, enclavada en plena sierra, por problemas de difícil comunicación agravados por corrimientos de tierras que amenazaban sepultar al pueblo. Hoy día solo quedan unas cuantas ruinas diseminadas de este antiguo núcleo, que se denomina “Salinas Viejo”, al que llegamos después de atravesar el monumental paisaje, salvaje y pintoresco, de la denominada Foz de Salinas, entre cuyos cortados podemos divisar, allá abajo, el núcleo de Villalangua, rodeado de bosques de pinos y encinas. Por encima, en el horizonte, se divisa la cordillera Pirenaica cubierta de nieve. Un paisaje realmente sobrecogedor, de una belleza única. El sendero se desliza, tortuoso, al pie de unas escarpadas paredes rocosas, de color ocre rojizo, con repisas y cuevas, desde cuyas crestas nos contemplan, majestuosos, solemnes y silenciosos, unos buitres, moradores de aquellas alturas. Mirando hacia arriba, vemos sus siluetas recortadas en el cielo de esa mañana del primer sábado de la primavera.

Continuamos ascendiendo hasta encontrar, en una revuelta del camino, la Cascada de la Rata, un idílico rincón de la sierra, donde la caída del agua entre las rocas, fragmentada en varios brazos, nos cautiva por su incomparable belleza.  Tras un breve ascenso, al girar en un recodo del sendero, se levanta ante nosotros la maciza torre de la antigua iglesia parroquial de Santa María Magdalena, del siglo XVI. Es el único edificio que queda en pie y sufre un deplorable estado de deterioro, amenazando ruina total. Eso no impidió que nos detuviéramos a almorzar al pie de la torre, recordando que, en este pueblo hoy abandonado, en el año 1900 había censados 224 habitantes.

Retomamos el camino de herradura que sigue ascendiendo hasta cruzar el collado de Pelaire por un característico corte en la cima en forma de W que se denomina La Osqueta. En ese punto, el más alto de nuestro recorrido, habíamos salvado 606 metros de desnivel positivo e ininterrumpido, con una altura de 1179 metros sobre el nivel del mar. A partir de ahí, iniciamos el descenso más bien suave, por caminos de herradura, hasta llegar a la espectacular cueva de Al Foraz, curiosa oquedad en la roca, en las proximidades ya de los Mallos de Agüero. En unos minutos más, esta vez por una pista, llegamos a Agüero, después de ir bordeando los imponentes Mallos. Este era el fin de nuestra etapa, tras un recorrido de 14,66 kilómetros.

Mientras tanto, un pequeño grupo de compañeros optó por realizar una ruta alternativa, de Agüero a la ermita de San Esteban, situada unos kilómetros al oeste de la población, en la sierra.

Juan Antonio GARCÉS